Archivo de Agosto 2009

Lo intolerable

Agosto 30, 2009

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La concejal de Cultura, Patrimonio y Política Lingüística del ayuntamiento de Palma de Mallorca, doña Nanda Ramón, ha declarado en próximo pasado: “Resulta intolerable que después de treinta años aún queden en nuestras calles nombres en castellano”. No sabemos a qué hito concreto de la historia reciente de España y/o las Baleares se refieren esos treinta años, pero es lo de menos. Lo importante es que la señora concejal ha señalado con no poca contundencia una cuestión que parecía necesario aclarar definitivamente: en una sociedad democrática, más bien en cualquier sociedad, así como en la vida de los individuos y en nuestras relaciones con “el otro”, hay cosas que son intolerables y como tales deben quedar evidenciadas.
La tolerancia es un valor, creo yo, sobredimensionado. Y sobrevalorado. En el Diccionario de la Lengua -con perdón por usar la castellana, es la única en la que más o menos sé escribir -, la tolerancia viene definida como el “respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”. De tal manera, la persona tolerante siempre se sitúa en una posición de superioridad moral, o ideológica, condescendiendo con el arbitrio o hechos de los demás aunque de suyo se conoce que tales actitudes son erróneas. Es una especie de “te perdono porque soy demócrata, que si no, ya te ibas tú a enterar”. El “tolerado” ejerce porque el tolerante lo permite, no porque prevalezca la presunción de que su causa puede ser tan legítima, acertada y justa como la de de quien se sacia a sí mismo de civismo mediante la practica esta virtud.
Tampoco la tolerancia es un recurso democrático incuestionable. Todos tenemos muy claro, casi tanto como la concejal de Palma, que hay situaciones, actos y credos por completo intolerables. Valgan los ejemplos del terrorismo, la violencia racista o sexista, la explotación de los menores en cualquiera de sus repulsivas variedades… y pongan el etcétera tan largo como apetezcan. En realidad, la tolerancia no es más que la extensión hacia lo público de un atributo privado: la paciencia para con el prójimo y sus defectos. Sucede casi siempre que cuando se otorga rango de cualidad colectiva a una índole particular, ésta se desvirtúa. Se relativiza. La razón parece obvia: lo que podemos admitir en el ámbito de lo privado, aunque sea a regañadientes, suele contradecirse con el interés público. De tal forma, y por mencionar un símil bastante extremo, uno puede sentir compasión, cierta genética solidaridad humana, con el joven alienado y desnortado que se adhiere a una banda de sicarios homicidas. Mas resulta bastante imposible solicitar la misma comprensión, sentimientos de benevolencia, para tal sujeto en el caso de que sea preso y puesto a disposición de los tribunales. “Dura lex sed lex”, afirma el brocardo, y dice bien. Todo sistema legal tiene la necesidad intrínseca de guardar y hacer guardar las reglas establecidas de manera válida, so pena de desmoronarser por su inobservancia en razón de elementos subjetivos. Ya tenemos, en consecuencia, una institución democrática que no es y no puede ser en absoluto “tolerante”: el Poder Judicial. O así debería ser.
Lo cierto es que muy pocas instituciones pueden permitirse el lujo de ser tolerantes. Los representantes de dichas instituciones, ya es otro cantar. Depende de los mimbres con que esté hecho cada uno. Los hay como don Gregorio Peces Barba, pacienzudo hasta la semisantidad; y los hay como la concejal de Palma de Mallorca, acérrima intolerante respecto al castellano. Para ella, todas las calles deben estar rotuladas en “catalán estándar”. Qué cosa sea el “catalán estándar” también parece un misterio, máxime cuando se reivindica en una comunidad donde predomina la lengua vernácula mallorquina, con su gramática, sus normas lingüísticas y su tradición literaria. Esta confusión, traída a escena por una concejal de cultura, corre seria amenaza de desvincularse de lo tolerable para caer en lo que sus propias palabras configuran: lo inadmisible. Pero en fin, tan acostumbrados estamos a las majaderías estándar de los nacionalistas estándar que no vamos a llevarnos las manos a la cabeza. Todo quede en casa, como si imperase el ámbito de lo privado. Paciencia.

La Opinión de Granada – 30/08/2009

Operación Pandemia

Agosto 29, 2009

La canción del verano

Agosto 23, 2009

No dan tregua. Uno esperaba el tradicional veranillo informativo, con su apacible toque de sopor tras la sangría y los boquerones, esa añorada impresión de evanescencia que brota del alma dormida y se contagia al mundo entero, como si el mundo no tuviese otra cosa que hacer, después de la piscina, la ducha y los yantares, que amodorrarse a compás de sus habitantes, los cuales -soñar por soñar -, parecen estar todos de vacaciones. Pero no puede ser. Nunca hay paz completa en la casa del pobre. Y pobres de nosotros. Nos tienen en un suspiro. Encendemos el televisor y abrimos el periódico en espera de fogosas novedades que nos espabilen al punto, prácticamente inhumano, de cercenar los planes sesteros. La gripe esa, vaya por Dios, llevándose por delante a criaturas que deberían estar en la playa, con su cubo y su pala de plástico, levantando castillos de arena y trazando cauces de agua salada que siempre acaban donde sus ilusiones, en el mar, que es el morir. No hay remedio ni consuelo para esa sinrazón, ese “sindiós” que habría dicho mi abuela. No es concebible que en el siglo XXI fallezca un chavalín de 11 años por una puñetera gripe, en el hospital, habiendo recibido todos los cuidados médicos necesarios. ¿Qué está sucediendo? ¿Por qué la nueva enfermedad ataca a personas jóvenes, a niños, y a menudo se manifiesta intratable? Uno está dispuesto a aceptar que cada año mueren en España cientos de personas por causa de la conocida gripe del invierno. Qué se le va a hacer. Pero la inmensa mayoría de esos difuntos son -eran -, personas de avanzada edad y con la salud bastante escacharrada. La H1N1 es distinta. Tiene, por así decirlo, mucha más mala leche. No parece tan multitudinaria como su prima hermana, la de siempre, pero se las gasta finas y porcinas. Cuidado, que el verano ha venido con muchas serpientes. Los demás asuntos informativos, digamos previsibles, son música de fondo que ameniza el runrún familiar en torno a la mesa: Qué calor, qué dulce ha salido este melón, échale más hielo al gazpacho y qué poca vergüenza tienen los de ETA, de campaña veraniega y jodiendo como siempre; pues ni te cuento el berrinche que se habrán llevado los parados, con estos calores encima, cuando en el INEM les hayan dicho que los 420 euros de ayuda los van a cobrar Rita y cuatro vecinos suyos; déjate de criticar al gobierno, niño, y remueve un poco la ensalada; a ver qué dice el telediario; que ha habido 31 muertos en las carreteras españolas y que hay elecciones en Afganistán; Jesús, con lo lejos que queda eso, no sé por qué montan unas elecciones en lugar tan a trasmano; bueno, los moros sabrán. No pasa nada. Todo bajo control porque la misma música de siempre, aunque sea canción del verano, ni arregla ni estropea el concierto de la realidad. Las cosas son como son y todo marcha según lo previsto. Pero esa gripe campante, insolente y mortífera, es una brecha demasiado llamativa en la lógica del mundo. ¿De verdad que a estas alturas resulta tan difícil encontrar paliativos eficaces a una dolencia tan común? Hace unas semanas llegó a mi correo electrónico una frase atribuida a Le Clézio, premio Nobel de literatura 2008: “En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en medicamentos para la virilidad masculina y silicona para operaciones de cirugía estética, que en la cura del Alzheimer. De aquí a algunos años, tendremos viejas de tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordará de para qué sirven”. Tendremos viejos erectos y ancianas pechugonas… si es que han conseguido sobrevivir a ese fatídico resfriado, tipo A, para el que de momento no hay cura. ¿Ustedes lo ven normal? A mí me da que este asunto va a parecerse a las películas de Star Trek: mucha ignición y poca acción. Muchos nombres tiene el gato, pero, se llame como se llame, nadie parece en condiciones y dispuesto a ponerle el cascabel.

La Opinión de Granada – 23/08/09

No alarmarse

Agosto 16, 2009

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El otro día me dieron una lección magistral sobre cómo funciona este mundo. Telefonea el cuidador de mi perro para concertar la vuelta a casa del chucho, tras un fin de semana que concedí de vacaciones al cuadrúpedo dentado mientras su dueño, o sea, yo, se mojaba hasta la coronilla en Garachico, territorio no-OTAN. Pregunto al profesional del “mondo cane” a cuánto ascienden sus honorarios, y él responde:
-Treinta y tiegfret…
-¿Perdona? Es que ando fatal de cobertura.
-Treinta y dessdfds…
-Sigo sin escucharte.
-¡Cuarenta!
A la tercera, pero bien claro. El guardián de mi perro sabe cómo entenderse a la perfección con los humanos. Pocas palabras y cuentas redondas. Las florituras para los vagos -que son de natural habilidoso -, y los adornos para Sevilla. Dorar la píldora y marear la perdiz, a estas alturas de siglo, no procede. Corremos el riesgo de aparentar tanta calma que, al final, se generan dudas sobre nuestras cabales luces. Tal cual le sucedió al gerente de una discoteca madrileña, el cual hizo instalar un vistoso letrero en cada una de las salidas del establecimiento: “En caso de incendio, no alarmarse”. Ahí estuvo sembrado.
No alarmarse, que sólo quedan seis horas para que el pavo salga del rustidor y empiece el banquete. Ese es el mensaje y es a lo que vamos.
¿Lo de ETA en Mallorca? Nada, los últimos coletazos de una banda criminal, enloquecida, delirante, cuya dirección está en manos inexpertas y cuyos medios son cada vez más menguados.
Llevo cuarenta años oyendo la misma canción. No alarmarse, que a estos les quedan dos peinados. Total, son capaces de colar tres o cuatro camionetas cargadas de explosivos por la frontera -si la hubiere -, francoespañola; se meten en una isla donde, mira tú, veranean el rey y sus parientes; hacen estallar un artefacto a un kilómetro más o menos de donde la ilustre familia pasa sus días de asueto, asesinan a dos guardias civiles, destrozan el barrio de Calviá donde se encuentra la casa cuartel de la Benemérita -quienes conocemos la zona, sabemos cómo retumbó allí el bombazo -; y ya puestos, como los terroristas actúan en territorio insular y allí es difícil moverse sin levantar sospechas ni ser controlados por las fuerzas del orden, se conforman con pegar tres petardazos más, donde han querido y cuando mismísimamente les ha salido de la entrepierna. Haya calma y paciencia: no alarmarse.
¿Habrá alguna vez un político, sea del signo que sea, que nos cuente la verdad de lo que está sucediendo? El discurso sobre “el final de ETA” es tan risible como embustero. Tienen apoyo social, activistas, medios adecuados, financiación, infraestructura, capacidad de maniobra y lo que haya que tener, mucho o poco, para poner en ridículo al Ministerio del Interior, en evidencia a los expertos en lucha antiterrorista y en jaque a las fuerzas del orden. Y el sistema judicial, las condenas, la cárcel y la dispersión de presos les importan tan poco como las vidas que van segando acá y acullá. Un terrorista en prisión, para esa gentuza, es un mártir, un soldado que está cumpliendo con su deber. Un héroe de la patria.
¿Alguien, alguna vez, va a señalar la nieve y decir que es de color blanco? ¿Por qué ETA lleva cuatro décadas dando coletazos, y esos coletazos han costado cientos y muchos cientos de víctimas, y siguen dando coletazos y siguen matando cuando les apetece y nunca acaban de dar la última boqueada? ¿Por qué no nos aclaran, de una vez por todas, que esta enfermedad es crónica, incurable y -los datos cantan -, mortal de necesidad?
A lo mejor, estamos todavía en la fase en que un diagnóstico acertado es más importante que buscar remedios a ciegas, desesperadamente. Para eso sí haría falta un poco de calma. Menos histeria mediática, menos golpes de pecho, menos lágrimas televisadas y menos, muchísimos menos quejumbrosos minutos de silencio. No necesitamos silencio, sino sosiego para reflexionar sobre lo que está pasando, y porqué. Sin alarmarse, por supuesto.

La Opinión de Granada – 16/08/2009

Lo dijo la crítica

Agosto 10, 2009

Campaña No dejes plantado a Estudiantes

Septiembre de 2009

 

Ángel Fernández Santos – El País, 20/01/1989

Amanece que no es poco

Después del éxito de El bosque animado, uno de los más notables del cine español reciente, José Luis Cuerda debiera habérselo pensado dos veces antes de filmar su siguiente guión, Amanece, que no es poco. La solidez de El bosque animado proviene de la del guión que hay bajo ella, en el que el pretexto literario de Fernández Flórez obtuvo una expertísima traslación a imágenes por el guionista Rafael Azcona. Sobre este suelo, Cuerda pudo caminar cómodamente con su cámara y salir airoso de un trabajo dificil sobre el papel.Ahora, con Amanece, que no es poco, Cuerda se ha propuesto sacar adelante algo más complicado: una película de ambiciones corales en la que se entrelazan decenas de esbozos de personajes y situaciones, con presencia casi constante de varios intérpretes en la pantalla, en la que pretende conjugar sainetes, chistes, situaciones de corte surrealista, y todo ello, además de con tono de búsqueda de autoría y sello propio, adornado con ecos, más o menos lejanos, del cine de Buñuel, Berlanga, Fellini y en aspectos concretos del de Vittorio de Sica en Milagro en Milán.

Coro y desfile

No logra Cuerda su propósito, ni podía lograrlo, por dos causas graves. Una consiste en que el carácter coral de su película es sólo epidérmico y aparente: hay, en efecto, muchos personajes, pero no existe en el filme un verdadero engarce orgánico entre sus respectivas funciones, de tal manera que la multitud de tipos y situaciones no componen la piña de un coro, sino un desfile invertebrado, pues sus respectivas historietas no se combinan recíprocamente conformando una sola, sino que se suceden una tras otra sin unidad alguna.La segunda causa es de medida y de graduación. El espectador ríe durante los primeros minutos del despliegue de anécdotas, pero poco a poco la fuente de la risa se va debilitanto y a media película se agota y desaparece. El desequilibrio del guión es grande y candoroso. Con un mínimo de autoprotección, Cuerda debiera haber dosificado recursos, administrado y ordenado gags -casi siempre verbales y no visuales, pues la abundancia de ideas contrasta con la escasez de imágenes- de menos a más.

Pero Cuerda no lo ha hecho así y su filme paga caro este mortal descuido: a fuerza de ver una y otra vez la mecánica interior de los chistes, éstos, por acumulación desordenada, se vacían progresivamente de gracia, la película pierde vértebras y rumbo en sus tramos finales y, cuando debiera elevarse, cae en picado y naufraga.

 

Ahí estuvo fino el experto…

Mi cuerpo no es mío

Agosto 9, 2009

El discurso progresista de los años sesenta y setenta del siglo pasado sobre el “derecho al propio cuerpo”, coincidía aproximadamente con la reivindicación decimonónica del socialismo utópico y el anarquismo didactista sobre el amor libre, la liberación de la mujer, la bondad natural del ser humano expresada en el nudismo y otros candorosos inventos ideológicos que tuvieron muy poca influencia real en la vida de las personas corrientes. Aunque, eso sí: pasado el tiempo, y ya en el imperio teórico del socialismo científico, es decir, el marxismo a cara perro, muchas fervorosas adeptas al “amor libre” se reciclaron en perfectas esclavas sexuales de los camaradas más exigentes en la materia. No acostarse con él, era reaccionario. Recuerdo a un pintoresco secretario general de una organización ultraizquierdista, el cual, cada vez que viajaba a nuestra ciudad, ejercía implacablemente el derecho de pernada. Cualquiera le negaba tálamo y coyunda a aquel iluminado de la revolución, vamos, como si la Virgen María le hubiese dado calabazas al Espíritu Santo. Por cierto, el menda venía mucho por aquí, como parece lógico: cuando un tonto da con un habal, se queda hasta que se acaban las habas.

Aparte de los instalados en el poder -aunque fuese el sórdido poder que se ejerce en una secta de visionarios semiadolescentes, semileninistas y semicuerdos -, también les fue de maravilla a los camaradas más garbosos y mejor plantados desde el punto de vista del atractivo varonil. Los grandes perjudicados de la revolución sexual fueron los feos. Ni reconvirtiéndose en activos -o pasivos – propagadores de la causa homosexual, se comían un colín. Demonios, muchas camaradas feas o agraciadas -lo mismo daba -, se liberaban de lo lindo, con una fruición rayana en la contumacia, pero siempre con los mismos guaperas. Los bajitos, con granos, escuchimizados, gordos fondones o afectados de olor a pies se quedaban a dos velas en asunto de tanta trascendencia. Lo que demuestra, entre otras cosas, que en materia de fornicio no valen doctrinas y, a más inri, “palo que no aguanta vela ni es palo ni el viento te lleva”, se sea de izquierdas, de derechas o de centro democrático. Dicho sea esto último sin animo de hacer un mal chiste sobre lo populosamente democratizadas que quedaron algunas visectrices de la época. Oh, tempora.

Las modas pasan, pero las limitaciones del individuo siempre persisten. Hoy, por ejemplo, todo el mundo tiene derecho al propio cuerpo, aunque seguimos sin ser dueños de ningún cuerpo, ni tan siquiera del nuestro. Por fortuna la carcasa ha dejado de estar colectivizada, pero no así el compendio ideológico que la sostiene. La salud y la estética son los nuevos propietarios de la carne mortal, donde habita el espíritu. Las normas higiénicas que afectan al cuido de la salud, no fumar ante todo, llevar una vida “sana”, cuidar la alimentación, hacer ejercicio y et cétera, han evolucionado notablemente: ya no son un consejo médico sino una prescripción social permanente, cuya inobservancia nos hace sospechosos de insolidaridad en el reparto de los presupuestos públicos; lo que gastamos en atenciones médicas por culpa de nuestra dejadez y pernicioso estilo de vida, se lo quitamos a la seguridad social, fondos muy precisos para atender a quien de verdad los necesita. Cada vez que voy al médico y me reconozco fumador, me mira como un juez dictando cadena perpetua: “Por culpa de pendejos como tú aún no se ha descubierto la vacuna contra el cáncer”. O algo parecido debe pensar el hombre.

Un servidor, que a pesar de sus nocivos hábitos tiene un físico envidiable, no precisa matarse en el gimnasio, ni sudar en carreras de fondo mañaneras ni nada que se le parezca. Con la bici y la esmerada práctica de los deportes de alcoba me voy defendiendo. Mas reconozco que me da mucha pena ver a mis vecinas echando el hígado y malmoviendo las lorzas en el gimnasio de la esquina, con la vana ilusión de transmutar los noventa tomos del Espasa acumulados en caderas, pistoleras y muslámenes, en gráciles curvas a lo Halle Berry. Pobres mías. Más de una acabará en manos del moderno sacamantecas, el cirujano dermoestético. La liposucción, estiramiento y renovación volumétrica son los nuevos principios elementales de la ideología liberadora sobre el propio cuerpo. Al final, y como siempre, el mercado ha impuesto su ley. Quien quiera ser dueño de su cuerpo y ejercer tal dominio de manera real y efectiva, que lo pague. Nos hemos convertido en un lujo, a menudo inalcanzable para nosotros mismos.

La Opinión de Granada – 09/08/2009

A saber…

Agosto 6, 2009

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Una escritora piensa demandar a la autora de Crepúsculo, Stephenie Meyer, acusándola de plagio por copiar pasajes de un libro poco conocido llamado The Nocturne y usarlos en la obra romántica de vampiros Amanecer, señaló el martes un abogado.

 J. Craig Williams, quien representa a la autora de The Nocturne, Jordan Scott, señaló vía telefónica que en los pasajes en cuestión hay pocas similitudes de palabras, pero que los dos libros tienen personajes y una trama parecidas.

 La editorial de Meyer, Hachette Book Group, calificó las acusaciones de carentes de mérito, diciendo que La saga de Crepúsculo es una completa creación de Meyer y que ella no sabía nada de The Nocturne.

 Amanecer, publicado en 2008, es el cuarto libro de una serie de novelas sobre la adolescente Bella Swan atrapada en un romance prohibido con el vampiro Edward Cullen. Los libros, que de acuerdo a la editorial han vendido 70 millones de copias en todo el mundo, son la base para una serie de películas de los estudios Summit Entertainment.

 La primera película, Crepúsculo, ha recaudado más de 380 millones en la taquilla mundial, y la segunda, Luna nueva, será estrenada en noviembre. 

En Amanecer, Bella se casa con el vampiro Cullen y la obra la sigue durante un complicado embarazo y su nueva vida como vampiro.

 En una carta que Williams envió al grupo Hachette Book Group, el abogado entregó comparaciones de los dos libros de una boda, un capítulo de sexo en una playa y un pasaje donde un humano convertido en vampiro describe el desgarrador cambio. Entre otras similitudes, destacó que los personajes en los dos libros llaman a sus esposas “amor”.

 El grupo Hachette señaló en un comunicado que los libros de Meyer “han sido un éxito fenomenal” y que “no debería ser sorprendente escuchar que otras personas busquen subirse al carro de ese tipo de éxito”. Williams agregó que Scott piensa presentar una demanda por infracción a los derechos de autor contra Meyer esta o la próxima semana en una corte federal. ”Creo que los seguidores tienen que leer ambos libros y formar su propia opinión, como deberá hacerlo un juez”, sostuvo Williams.

El abogado añadió que Scott no piensa buscar beneficios monetarios por daños. Scott cargó en Internet capítulos de The Nocturne mientras trabajaba en la novela de vampiros, que escribió durante su época adolescente y publicó como un libro en 2006, explicó Williams. El abogado dijo desconocer cuántas copias del libro se vendieron.

El Confidencial – 06/08/2009

Erratas

Agosto 2, 2009

La literatura cada vez es más popular. Será por la crisis económica o cualquiera sabe, pero la gente ha decidido pasar más tiempo en casa y llenar sus ratos de ocio con algo de más enjundia que los programas culturales de María del Monte o los megaespectáculos presentados por Juan Imedio. Se lee más. Es una buena época para los best-seller, la literatura de evasión y toda esa industria del papel impreso cuyo objetivo es vender mucho y entretener muchísimo a un público no demasiado exigente. A fin de cuentas, la novela es el género literario popular por antonomasia, de modo que, para exquisiteces, Thomas Bernhard. Para la tarde del sábado y la media mañana del domingo vale cualquier novelón de ochocientas o más páginas, con muchos colores en las tapas de cartoné y mucho diálogo en el texto. Los argumentos son lo de menos, con tal de que una de dos: divaguen sobre complicadísimas intrigas conducentes a la destrucción del planeta o investiguen -no hace falta que sea con rigor -, en los grandes misterios de la Historia, desde el color del salto de noche de Nefertari a la talla de sobrepelliz que calzaba Leonardo Da Vinci.
Este advenimiento de la narrativa de cuarto de estar y niño estate quieto y deja de hurgarte la nariz, tiene la ventaja añadida de que ya no se siente uno defraudado, maltratado como lector, cuando encuentra una errata. Al comprar uno de esos libros se sabe de antemano que haberlas, habrálas. La vorágine editora es tal que no queda tiempo para supervisar la pulcritud del redactado. Las erratas han dejado de ser una divertida, a veces hilarante y genial excepción, para convertirse en pisotones naturales, los mismos que espera uno cuando sube al autobús en hora punta, esta última palabra con “n” y sin errata, por favor. Qué le vamos a hacer, se ha perdido el valor del descubrimiento, aquella feliz estupefacción que sobrecogía a los lectores de la primera edición de “Arroz y tartana”, de Blasco Ibáñez, cuando al inicio del capítulo IX encontraban semejante frase: “Aquella mañana, doña Manuela se levantó con el coño fruncido”. Fruncir el ceño, novelísticamente hablando, siempre revistió casi tanto peligro como ir del caño al coro y del coro al caño. Demostrado queda.

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También es verdad que la revelación de la errata como valor añadido ha sido sustituida por la frase chocante, estrafalaria o ridícula, las cuales abundan en esta especialidad del “Quick read” como rastas y “piercings” en un vuelo barato. El hallazgo y captura de sandeces y gansadas bien pudiera cundir entre los lectores y convertirse en entretenimiento literario más sutil que los crucigramas. Hace unos días, por ponerles un ejemplo, me surgió uno fantástico, en la página 139 de un importante tocho, publicado a principios de verano, sobre la historia de los moriscos granadinos, sus calamidades y sufrires. Durante la guerra civil de 1568, la soldadesca cristiana recorría las Alpujarras (sic) “saqueando, robando, violando y matando a las mujeres, y después ponerlas en cautiverio”. Hay que tener mala uva, por Dios, para violar y matar a una mujer y más luego venderla como esclava. La descomunal incongruencia de los tiempos verbales es lo de menos. Lo que importa de veras: denunciar el abominable trato xenófobo, racista y machista que sufren los buenos y buenas del relato. Magistral.
En otra de esas obras monumentales, igualmente hace bien poco, encontré sin embargo una frase de las profundas, de las que te hacen pensar: “La plaza se encontraba taciturna, en penumbra, al estar apagadas todas las farolas”. Ahí le ha dado. Establecer el vínculo causa-efecto entre la oscuridad ambiente y la falta de suministro eléctrico es una hazaña intelectual que no está al alcance de cualquiera. No digamos la fineza descriptiva, ese estado emocional, “taciturna”, aplicado a una plaza. “Patetismo falaz” creo que se llama esta osada figura retórica, la cual atribuye sentimientos humanos a objetos inanimados. No había leído nada de tan hondo calado desde la greguería serniana: “Cuando contemplo el mar, sereno, inmenso, pienso sobrecogido: cuánta agua”. Como diría Cantinflas en “El bolero de Raquel”: “Seguro que por debajo hay más”.
Total, que yo no le veo más que ventajas a esta moda de los best-sellers. Son baratos, mucho más que tomarse dos copas por ahí, y duran más que una buena resaca; instructivos, pedagógicos y, sobre todo, divertidísimos. Compren uno de vez en cuando y disfrútenlo. Y, si les apetece, vayan compilando frases célebres. Dentro de cien o doscientos años integrarán la Historia Universal del Disparate Culto, una asignatura en todas las universidades del mundo. Al tiempo.

La Opinión de Granada – 02/08/2009