Archivo de Febrero 2009

Para que te fíes…

Febrero 27, 2009

57 puñaladas en defensa propia

Febrero 24, 2009

Más sobre la corte (de los milagros)

Febrero 23, 2009

Paseando por la red en busca de contenidos apropiados a esta sección, encuentro un interesante, valiente artículo de Ricardo Pérez Hernández, en su blog Al Trantrán (noviembre de 2007).

No ha mejorado mucho la cosa en el último año y medio… o al menos eso dicen por ahí.

 

canibales

 

Oiga usted, cómo anda el patio en esto de los concursos literarios. Es sabido por todos aquellos que gozamos del placer de escribir( y nos aventuramos en ocasiones a enviar nuestros escritos a certámenes y concursos) que existe un compendio no escrito de normas básicas que conviene observar a mayor beneficio de la tranquilidad de espíritu y salud emocional y mental de cada quien. A saber. Conviene presentarse a los certámenes literarios como quien echa una primitiva o como podrían enfrentarse los jugadores suplentes del equipo filial del Alba a la primera plantilla del Madrid, es decir, dando el asunto por perdido de antemano. Conviene también ser comedido en las aspiraciones económicas derivadas del montante destinado a premios, dado que es conocido y frecuente que aquellos certámenes de mayor cuantía (léase aquellos que superen los tres mil euros)estén gestionados directa, indirecta, descubierta o encubiertamente por editores (dos o tres habituales y algún otro con ganas de pegar bocado); no resulta sorprendente en estos casos que se alcen con los premios escritores “afines” y, en algunos casos (intente usted evitar quedar ojiplático) lo hacen con libros encargados de antemano. Un ejemplo ampliamente conocido en este ámbito, del que se comenta con denuedo en los mentideros literarios, es el Planeta. También se dice del Fernando Lara. Y hay quien sospecha del Herralde. Tengo un buen amigo que ayer me incluyó en su lista negra, con el honor de ostentar el cargo de miembro inaugural, que sabe bien de estos trasuntos.Pero no es preciso elevar la mira a tanta altura. Hace unos días que se ha montado la de Cristo es Dios en Valdepeñas, con el Parnaso de poesía, cocedido a Luis Antonio de Villena y que cuenta con un premio de tres quilitos de los de antes, dieciocho mil euretes, vamos. Tal es la cosa que los finalistas han solicitado la guarda y custodia del manuscrito (sic) presentado, puesto que aseguran tener pruebas fehacientes de que el mismo no es inédito, así como otras irregularidades que podrían incurrir en delitos varios. Los finalistas lo denuncian con valentía asumiendo por escrito que “somos conscientes del riesgo que corremos de ser proscritos en los medios más o menos oficiales y en las capillas y conjuras literarias, pero también creemos que somos muchos más los que preferimos la verdad a las componendas de corte y confección en las que se maneja con impunidad una minoría de descarados y corruptos. Al menos, que no cuenten con nuestra pasividad y consentimiento”. Y dirá usted, quizá el jurado estaba compuesto por mindundis manejables, inexpertos… pues no. Este fue el jurado: Ángel González, Caballero Bonald, Benítez Reyes, J.María Barrajón, Enrique Jiménez y Jesús Visor, el editor, que actuó de secretario, pero con voz y voto (que no suele ser habitual). Oiga usted qué apellidos poéticos: González, Bonald y Reyes. Primera línea, se supone.

jurado

Pero bueno, sucede que aquellos que dedicamos o dilapidamos tiempo en la escritura, nuestro tiempo, parte de nuestra vida, una vida que dejamos discurrir al hilvanar historias, asumimos a priori la vacuidad e inutilidad de tal acto, escribir digo, que no pasa en primera instancia del propio placer, un gozo tangente al onanismo mental, y, con algo de buena fortuna y acierto, ya en segunda instancia, no pasa tampoco de despertar alguna emoción futil, pasajera, caducifolia en quienes dedican parte de su tiempo, parte de su vida, a recorrer esas historias que tejemos con mayor o menor tino. Pero jode. Jode que se amputen las ilusiones de quienes, ilusos, aspiran a competir en igualdad de condiciones bajo el amparo del anonimato, sometiendo sus/nuestros textos al criterio del jurado de preselección (el jurado oficial no se lee, ni de coña, los cientos de manuscritos que se presentan a concurso; si acaso, con suerte, la selección de entre cinco o diez que serán considerados finalistas). Y jode que llegue alguien como el señor Villena, que si bien no es tan mediático ni difundido como sus ‘premiadores’, parece no necesitar por su trayectoria estos rollos de compadreo y chanchullo literario, y con toda su jeta se levante sonriente los tres quilitos. Y así en varios sitios. Pero esta vez los finalistas van a dar la murga. Y ojalá los empapelen (a los chanchulleros) o, al menos, saquen sus colores. Aunque no le importe a nadie la suciedad de la trastienda literaria y esta cuestión pueda saldarse con un “va, cosa de poetas”. Pero insisto, es que jode, oiga, aunque uno no haya concursado.

Los trabajos de Visor

Febrero 22, 2009

Inauguramos sección, La corte de los milagros, dedicada a informar sobre los afanes y pulsiones del mundo literario en general y de las hermandades pintorescas en particular. Y principiamos con un enjundioso artículo de Umberto Cobo publicado en la revista digital colombiana arquitrave.com. La información -al César lo que es del César -, proviene vía Juan Palomo, en El Cultural. Señala don Juan (Palomo), que “Chus Visor se las está teniendo tiesas con la revista colombiana Arquitrave, a cuenta de un artículo demoledor de Umberto Cobo que intenta, dice, desenmascarar sus “tejemanejes”. La cosa es que Visor ha amenazado con llevar a la revista a los tribunales si el artículo de marras no se retiraba de inmediato, y el editor de la revista, Harold Alvarado Tenorio, le ha contestado, con la red como testigo, que va a ser que no“.

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—– Mensaje original —–
De:
Jesús García Sánchez
Para:
h.alvarado@cable.net.co
Enviado: Miércoles, 11 de Febrero de 2009 09:16 a.m.
Estimado señor Alvarado.
Si en un plazo de 24 horas no retira el artículo “
los tejemanejes de Jesús García Visor” de su revista Arquitrave, pondré el caso en mis abogados.

A lo que el director de la revista, Harold Alvarado Tenorio, repondió:

Estimado don Jesús García Sánchez,

En la fecha he recibido una nota de su parte en la cual me solicita retire de mi revista una nota de nuestro colaborador Umberto Cobo sobre sus actividades comerciales. Lamento decirle que no voy a hacerlo porque considero que se ajusta a las normas vigentes en cuanto es un artículo de opinión y según me informa el colaborador fue elaborado con materiales y declaraciones suyas o sobre Ud que aparecen en la prensa internacional. Lamento no complacerle. Copia de esta nota la enviaré a los cincuenta mil suscriptores de nuestra revista para que se enteren de sus amenazas.

 

Lucida polémica a la que intentaremos seguir la pista. Promete.

 

  

 

–La Corte de los Milagros (“Cour des miracles” en francés) era una zona del París medieval habitada por mendigos, ladrones y prostitutas. Se encontraba en el barrio del mercado de Les Halles. Recibió este nombre porque sus habitantes, por el día, pedían limosna fingiéndose ciegos o discapacitados pero de noche, ya en la Corte, recuperaban milagrosamente la salud. Aparece en la novela del escritor francés Victor Hugo, Nuestra Señora de París–.

Morir sanos

Febrero 22, 2009

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Hay médicos que procuran el bienestar de sus pacientes y otros que se empeñan en curarlos de todo achaque y convertirlos en personas sanas para siempre. Temibles. El otro día me tocó ir a la consulta de uno de ellos, a causa de la gripe febrera. Si bien el constipado permanece, merecí lo que hace mucho tiempo nadie había tenido el detalle de obsequiarme: una bronca de campeonato.
Que no fume, que no beba cocacola porque es malísima para los huesos, que no duerma en colchón viscoelástico porque causa dolores cervicales, eso me dijo; que no meta al perro en casa, que no encienda la chimenea pues el calor de las brasas reseca los bronquios, ya ve usted qué contrariedad; que limpie a fondo mi domicilio dos veces por semana para eliminar los ácaros y que deje de tomar ansiolíticos: las benzodiacepinas causan mucha adición, lo que resulta intolerable. Sobre todo eso me sermoneó, y puedo asegurarles que no usaba un tono de cariñoso aliento o venerable consejo, sino más bien acusatorio, culpándome de la gripe y achacando mi falta de salud a unos hábitos perniciosos, moralmente reprobables.
Pero mire usted, doctor, yo no he venido para que me adoctrine sobre la vida sana, sino porque llevo dos días tosiendo y con fiebre y me gustaría encontrarme bien, todo lo razonablemente a gusto que puede sentirse un mortal en tránsito por la existencia. Que si quieres arroz. La salud es el dogma contemporáneo, el redivivo paradigma ético de los balnearios prusianos de entreguerras: si está usted enfermo, algo malo habrá hecho. Sufra su penitencia y cambie de costumbres, mejor aún, transforme radicalmente su vida y conviértase en fanático de la nueva religión. Sólo los justos, es decir, los sanos, se salvarán.
Total, que ni me tomé la molestia de sacar de la farmacia el jarabe que me recetó de mala gana, con ademanes descreídos tal cual echase margaritas a los cerdos o miel a la boca del asno. Si el médico me reprueba como paciente, no sé por qué regla de tres tengo yo que confiar en sus remedios. Que le den cuarto y mitad de alpiste suizo, no te jode…
Ya lo decía Bernardo Mantovanni, celestino de cámara de Pedro IV el Ceremonioso: cuando la ciencia se acuesta con la higiene, nunca sale nada bueno. No digamos cuando se confunde la práctica galénica con el ejercicio de un imperativo moral. Es lo peor, garantizado. Puede uno llegar a encontrarse en situaciones tan surrealistas como esa familia granadina a quien la semana pasada les obituó la abuela, de 93 años, en el hospital de Traumatología. El médico de la anciana -ingresada porque se le rompió la cadera y cayó al suelo, por este orden -, dispuso que se practicase la autopsia a la fallecida. Nada ni nadie garantizaban al escrupuloso especialista que aquella fractura, a la postre mortal, no tuviera su origen en una agresión. Ni los médicos ni los servicios asistenciales del hospital habían tenido tiempo ni ocasión de averiguar los hechos tras once días de estar encamada la enferma. Ella, la viejecita, se mantuvo lúcida y consciente todo ese tiempo, pero nadie le preguntó por su fractura. Esperaron a que muriese de fulminante jamacuco para despiezarla a modo y comprobar que, en efecto, había expirado de lo que suelen las personas de 93 años: de lo mismo de morirse, como sentenciaría mi amigo Emilio de Santiago, gran sabedor y brillante decidor.
Total, que algunos médicos velan por el sosiego del prójimo y otros se preocupan más de su propia conciencia, como si la medicina fuese una rama de la urbanidad. Ya santificada el alma del facultativo, allá se las compongan los otros con su bienestar, aunque acaben diñando de un berrinche. Tal como si pensaran los doctores: ya que mueren, al menos que observen las buenas costumbres preventivas y vayan al cielo de los sanos. Vida esta…

Porque me da la gana

Febrero 21, 2009

¿Por qué aplauden?

Febrero 19, 2009

 

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En el congreso de los diputados, durante la sesión de control parlamentario al gobierno, los representantes de un grupo y otro aplauden con mecánico entusiasmo las intervenciones de sus respectivos líderes. ¿Por qué? Ni que estuvieran en los toros. Ni que Rajoy y Zapatero fuesen primeras espadas, banderilleros, o cantantes arrancaos por un sentido palo, o actores tras un brillante monólogo que merece un bis, o futbolistas con tino de seda en el lanzamiento de libres directos. Aquello es el congreso, la cámara de representación popular donde se legisla en nombre de la nación. No es -no debería serlo -, un escenario ni un campo de deportes ni un sarao flamenco. Los aplausos confieren ridícula teatralidad a las intervenciones del presidente del gobierno, los ministros, los parlamentarios de la oposición. Tiene la impresión el espectador de que la concurrencia está dispuesta a aplaudir a su jefe diga lo que diga. “Desde mañana el paquete de cigarrillos vale noventa euros, y el Estado dedicará el noventa por ciento de lo recaudado a la financiación de los carnavales de Tenerife”. Aplausos. Qué espectáculo. Qué tropa.

Tiene la impresión el espectador de que esos aplausos forman parte de la jocosa bullanga nacional, el merengue de cacerías, panderetas, cantes, coplas y cuentas del Gran Capitán con que la idiocia evolucionada a sistema inunda nuestra vida y transforma el pensamiento del común en balido de pastores y ajoarriero para las ovejas. Ese mismo pensamiento -llamémoslo así -, que digiere como lo más natural del mundo la fantochada diaria, el espectáculo de los medios de comunicación convertidos en generadores de noticias basura, un mundo armónico de pringue, acompasado en fina coherencia con la brutalidad en las aulas, la complacida, egoísta ignorancia de las generaciones jóvenes, en teoría las más preparadas, solidarias y comprometidas de nuestra historia; en la práctica una estadística desoladora de fracaso escolar, insensibilidad social e incapacidad profesional. El sistema los quiere díscolos en el colegio, violentos en la calle, insoportablemente acuciosos en el seno de la familia y mansos ante las urnas. Lo va consiguiendo.

Tras el resumen de la sesión parlamentaria, continua informando la sagrada televisión. Aparecen los padres de la chica asesinada en Sevilla. Quieren reunirse con Zapatero para pedir la cadena perpetua o, en su defecto, el cumplimiento íntegro de las penas para autores de delitos como el que les ha arrebatado a su hija. Aplausos. Piensa el espectador que, en vez de con el presidente del gobierno, podían los padres de esa desdichada reunirse consigo mismos y analizar su responsabilidad en el caso. ¿Qué hace una niña de 17 años en la madrugada y en compañía de peligrosos canis a los que ha conocido en una pocilga de internet? ¿Qué hacían ellos? ¿A qué dedicaban el tiempo libre cuando no había tanta urgencia por reunirse con el presidente del gobierno?

Prosigue el informativo. La muchacha ecuatoriana agredida en el ferrocarril de Barcelona por el salvaje Sergi Xavier M.M, en octubre de 2007, no acudirá al juicio porque está muy traumatizada. Unos cuántos aplausos para ella. Si bien su trauma no le ha impedido aparecer en una cadena de TV especializada en aventar mugre, una entrevista despampanante, exclusiva mundial e impresionante testimonio en uno de esos programas que nos hacen sentir orgullo por pertenecer a la especie bípeda y náuseas por habernos correspondido el calificativo de humanos. Aunque la hazaña de la ecuatoriana es poca en comparación con el desparpajo con que Rocío, la novia de Miguel C.D, presunto asesino de Marta del Castillo, aparece ante las cámaras para explicar que él es un buen muchacho, huérfano, víctima de una infancia difícil. A los 14 años se puede ejercer la inocencia como estado natural, no así a los cuarenta y muchos, los que adornan el rostro de la madre de la pequeña, señorona sureña que desnuda su vida ante las cámaras con idéntica impudicia con que exhibe el rostro sin pixelizar de su hija. El defensor del pueblo andaluz y la fiscalía de menores tomarán cartas en el asunto. Eso dicen. Más aplausos.

Mas no nos preocupemos, no cunda el pánico que nuestro despejados políticos tienen soluciones para casi todo. De momento, en previsión de males mayores, van a desposeer a Francisco Franco, fallecido en 1975, de un título que oprobiosamente detenta: hijo predilecto de la provincia de Granada. Con una legislación contemporánea se remueven actos jurídicos emanados de una ley que no existe y cuyo beneficiario es una persona que dejó de serlo hace treinta y cuatro años. Fenomenal. Aplausos. Ya puestos, que lo desposean del rango de jefe del estado y generalísimo de los ejércitos. Enmendar la Historia a fuerza de votaciones es la práctica más original y creativa de nuestros tiempos. Que se convoque un referéndum para determinar si Felipe II hizo bien o mal en aceptar el título de Prudente. Chufla nacional, la estupidez al poder y el poder a seguir siéndolo como Hugo Chávez: vitalicio; pero no para toda la vida nuestra, sino la suya, es decir, para siempre.

Aplausos y garambainas. Que los rubrique el gobierno de España.

Terror de Dios

Febrero 15, 2009

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Ha dicho Benedicto XVI en Ratisbona -histórico, adecuado marco para declaraciones de empaque -, que el ateísmo contemporáneo funda sus motivos en el miedo a Dios. Y no le falta razón al Papa de Roma, que para eso tiene el cargazo que tiene. Opinar con fundamento sobre cosas importantes es parte de su trabajo, y no lo hace mal.
Servidor, sin ir más lejos, se hizo ateo por miedo a Dios. Más que miedo, terror, espanto de aquel Dios fulminador ante el que me enseñaron a postrarme en la ensotanada escuela de mi infancia. Un Dios de criterio incierto pero siempre temible, capaz de arrepentirse por haber creado a la humanidad, titularse Diluvio y ahogar a sus hijos. ¿Puede Dios sentir arrepentimiento de sus propios actos? Como para fiarse de él. Pero lo dice la Biblia, bien claro; con las mismas palabras lo resumía el catecismo donde yo memorizaba los dogmas de aquella religión de pecado y penitencia, dolor y lamentación, culpa y martirio. Una religión funeraria, con el riesgo no improbable de pasar la eternidad como pollo en un rustidor, vuelta que vuelta sin parar en jamás de los jamases. Ante esa espeluznante perspectiva sólo quedaban dos opciones: la santidad o el ateísmo. Como mi tendencia devota era bastante menguada, abracé la descreencia en el otro mundo para alcanzar un poco de sosiego en este. Y me sucedió como a don Pablos, pues fuéme peor ya que había mudado de lugar -metafóricamente hablando -, pero no de costumbres. Para colmo, al cabo de unos años la Iglesia reinventó el mensaje bíblico. Me encendía de indignación al contemplar los libros religiosos que mis hermanas estudiaban en el colegio. El Dios de la ira y el Redentor coronado de espinas, macerado a golpes y supliciado en la cruz habían sido sustituidos por otros personajes: un bondadoso anciano que compuso el mundo en puro acto de filantropía y un campechano colega de pelo largo, sin sangre en el rostro ni llagas en el costado, que incitaba a amar en tanto los creyentes correteaban por campos de amapolas, bajo la luz milagrosa del divino arco iris.
Pardiez, aquello fue un golpe bajo, una puñalada trapera. Un sindiós, por decirlo claramente. Así no había forma de creer. No solo Yaveh resultaba imprevisible en sus desmanes sino que los mismos hermeneutas de la santa palabra, aquellos mismos curas que otrora predicasen el sufrimiento y el bien morir como virtud suprema de la existencia, irrumpían en la senda de la confusión con sus libros de cielos límpidos, trigales dorados y risueñas bendiciones, algunas tan pintorescas como aquella inefable de “Dios es tu amigo y te quiere”. ¡Qué amigo ni qué garambainas! El Dios que a mí me presentaron y que estuvo vigilándome durante toda la infancia, sin bajar la ceja, sólo era amigo de su infinita, implacable justicia; a quienes creían ser sus amigos les preparaba encerronas como la de Abraham e Isaac, o los convertía en sanguinarios ejecutores de sus designios, tal cual el caso de Moisés, quien nada más bajar del Sinaí con unas tablas en las que estaban escritos a fuego los Diez Mandamientos, ordenó degollar a miles de los suyos por haber adorado al becerro de oro, sin reparar en lo dispuesto por el artículo quinto de aquellas leyes que el abnegado profeta se pasaba por el sobaco (hay múltiples testimonios gráficos sobre esto último). Y para qué seguir…
Sí, venerado Padre, está usted en lo cierto. Hay mucho ateo por miedo a Dios. Aunque peor es el miedo a los hombres que creen en Dios y vagan su doctrina de Roma a la Ceca y del infierno a la Meca. No hay manera de saber qué es lo que quieren y, exactamente, en qué quieren que creamos. Al final, ya se sabe: crea el que pueda, que yo soy ignorante. Doctores tiene la Iglesia que sabrán confundiros.

La Opinón de Granada – 15/02/09

Vender la virginidad

Febrero 8, 2009

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 La Opinión de Granada – 08/02/2009

Lo más chocante del último arrebato en Internet no es que haya decenas de pavas dispuestas a vender su virginidad por cantidades que oscilan entre los dos millones y medio de dólares y los seiscientos euros, sino que acudan a la miel individuos dispuestos a pagar por la supuesta desfloración. Digo supuesta porque las chicas, que se anuncian con fotografías sugerentes, muy ilustrativas, tienen unánime aspecto de ser vírgenes por la parte del cajón de la mesita de noche, único lugar donde nadie se la ha metido todavía. Pero ellos, los clandestinos compradores de virtud venida a menos, una de dos: o son imbéciles de nacimiento o contumaces depravados. La Interpol debería vigilarlos, bien para evitar que se estafen cantidades considerables a un montón de palurdos o, en el peor de los casos, previendo males mayores. No está la vida como para que las niñas se vayan con el primer menda conocido en la red que prometa un dinero por la bajada de tanga y etcétera.
Adónde vamos a llegar, diría san Froilo, patrono de los triángulos escalenos. Pues adonde hemos llegado: a ninguna parte. Esto de perder la virginidad es un negocio casi tan antiguo como mantenerla. ¿Cuántos precintos remendaría Celestina antes de hacerse famosa gracias a la literatura? Eran otros tiempos aunque el mismo sistema. Unas se dejaban la honra a cambio de la bolsa y otras labraban su futuro cotizando en el mercado matrimonial con el himen intacto. En el fondo, las conductas escandalosamente nuevas reiteran los mitos y prejuicios más atávicos. Quien ansía comprar una virginidad quiere sentirse como señor del páramo en uso del derecho de pernada. La única diferencia: al conde duque Godofredo de Aquitania le salía gratis el achuchón. Para “epatar” al personal se desentierra una leyenda tan rancia como la virginidad femenina. Nada nuevo bajo el sol.
Si es que vamos de modernos y somos más arcaicos que el arado romano. Por ejemplo -sólo por poner un ejemplo -, la que ha organizado Wyoming con el falso vídeo en el que maltrata verbalmente a una becaria, colado en plena diana a Intereconomía, cadena rival de la Sexta aunque muy semejante en la aburrición de contenidos. Trasladar informaciones erróneas al enemigo es táctica empleada desde las guerras púnicas. Otra cosa es que el rival sea tan zote como para creerse las noticias del contraespionaje. Y otra cosa, ya mucho más seria, que la gansada de Wyoming haya originado un intenso debate sobre ética y deontología en los medios de comunicación. ¿Es lícito impostar una acción delictiva, cual es el acoso laboral, con objeto de ganar audiencia? En tal debate andan las cadenas de TV. La reina madre nos valga. Ellos, los que hacen su agosto sacando a un yonqui que llena la jeringa con agua de los charcos, someten al hambre y vistosas vejaciones a los concursantes de “Supermodelo”, atizan la brutalidad intramuros de “Gran Hermano”; los mismos que llevan dos décadas atiborrando a su audiencia con las historias más sórdidas del famoseo: cuernos, suicidios, tumores terminales, trasplantes de pene, conspiraciones para asesinar al presentador tocapelotas y muchísimas otras animaladas, esos mismos, se ponen ahora serios y medio se rasgan las vestiduras por una putadita como la de Wyoming a Intereconomía. Vivir para ver, exclamaría santa Dobla, patrona de las doncellas de Calatayud. Una santa, por cierto, con muy poca clientela. Desde el penoso asunto de la Dolores no hay en todo Bílbilis mocita que se reivindique por tal. Según en qué sitios, la “excusatio non petita” acusa más que el fiscal de la Audiencia. Mejor nos callamos todos. Si la doncella es doncella, lo sabe él, lo sabe Dios y lo sabe ella. Y nadie merece más explicaciones, a menos que el pardillo de turno esté dispuesto a pagar 2.000.000 de euros por averiguarlo.

Bronca en la cumbre

Febrero 6, 2009

Conferencia mundial sobre medio ambiente.

Río de Janeiro, 1998

 

 

Vaya con la niña